La evolución de las lavanderías. Una mirada atrás

No siempre ha sido así. Antiguamente, hacer la colada resultaba un proceso ingrato, arduo y hasta denigrante para cualquiera. No es de extrañar que por alquel entonces, incluso para la clase adinerada, tener sus ropas limpias suponía esperar unos 30 días aproximadamente, ya que, a falta de lavanderías autoservicio, lavaban la ropa una sola vez al mes. Como lo leéis.

 

Antes de la lavadora todo este proceso se hacía (logicamente) a mano. Se trataba de un trabajo muy costoso que se realizaba en el pilón, siendo tan trabajoso que una hora lavando era el equivalente a una hora de natación. Por eso, el hacer la colada, se consideraba una de las principales causas de numerosas enfermedades. Por estas y otras razones se retrasaba lo máximo posible el hacer la colada… ¡Si es que hera un trabajo de riesgo extremo!

 

Las familias de la alta sociedad, las que tenían dinero, títulos y riquezas, podían permitirse el contratar a lavanderas o enviaban la ropa a lavar fuera de casa. De ahí surgió el gremio de estas lavanderas, las cuales no tardaron mucho en ganarse la fama de “forzudas” y, en ocasiones, de groseras, por la utilización de su lenguaje inadecuado y descarado. Estas lavanderas acumulaban en grandes cestos la colada de “los señores” y acudían en masa a los lavaderos, los cuales se encontraban junto a rios y cauces de agua corriente.

antiguas lavanderas

 

 

El agua de estos lavaderos y rios se canalizaba con tuberías para poder trabajar más comodamente y se calentaba, cuando era necesario, haciendo hogueras y poniendo grandes barreños de metal con la ropa sobre ellas. En otras palabras, hervian la ropa para desinfectarla. Algo normal teniendo en cuenta que en aquella época no existía más que un tosco jabón elaborado con grasa animal, careciendo de desinfectantes.

 

En el siglo XIX la lavanderías con mejor reputación tenían el suelo de piedra y pilones (donde se frotaba la ropa) de ladrillo. Así, de esta menra, las lavanderas escurrían la ropa sobre ellos, golpeándolos con fuerza contra el ladrillo para que expulsara todo el agua. Estas lanavanderías eran de uso privado, pero existían ya por entonces otras de uso público, más austeras y humildes que tenían un tendero comunitario donde colgar las prendas para que secasen.

 

Un elemento fundamental de estas lavanderías era la escurridora, la cual fue inventada por Gorge Jee en 1779. Este avance consistía en dos rodillos accionados por una manivela, por donde pasaban las sábanas y otras prendas para escurrir el exceso de agua y estirarlas. Más adelante, el inventó se podía encontrar en todas partes. Y es que el escurrido era un paso muy importante en la colada.

 

Y así hasta nuestros días. Las lavanderías han evolucionado enormememente, dando la posibilidad a mucha gente de que hoy por hoy sean dueños de la suya propia, obteniendo grandes beneficios. Porque no nos cansaremos de repetirlo pero…

 

Por mucho que la tecnología avance, nuestra ropa siempre necesitará ser lavada.

 

¡Hasta la semana que viene lavander@s!